El internet de las cosas y el Big Data cambian nuestra forma de vivir

Algunos visionarios del mundo de la tecnología, también preocupados por la calidad de vida y la mejor utilización de los recursos, imaginan un mundo al que se superpone una especie de malla invisible de sensores. Pequeños artilugios electrónicos transmitiendo toda clase de datos en tiempo real hasta sistemas en la nube donde el procesado y el análisis Big Data producen información útil que mejora el consumo de energía, los transportes, los cultivos y toda la realidad urbana. El Internet de las cosas y el Big Data cambian nuestra forma de vivir.

En ciencias médicas se lleva años investigando sobre dispositivos que ayudan a controlar los signos y evolución de pacientes en tratamiento o en recuperación postoperatoria. Entre las soluciones tenemos aplicaciones para el teléfono móvil, pulseras, etc. que están continuamente transmitiendo datos a un servidor donde los equipos médicos pueden monitorizar y recibir alertas. Algunos visionarios han trabajado incluso en pastilleros inteligentes que alertan si una pauta médica (ejercicios, actividades o medicación) es alterada o no se sigue correctamente.

Quienes investigan y desarrollan en Internet de las cosas y Big Data encuentran sus nichos de trabajo justamente en aquellos lugares que simbolizan nuestras preocupaciones más importantes. Una de ellas es la situación del campo, los cultivos sostenibles, etc. Una red de sensores en una explotación agrícola puede enviar datos a un sistema que analiza las necesidades de riego y fertilizantes, que emite avisos de plagas o daños en las plantas. Estos cultivadores podrían automatizar, confiando en el análisis de datos, los cuidados de sus campos, también en relación a los cambios del clima, para lograr las mejores cosechas que el Big Data puede concebir.

¿Y cuando se recoge la cosecha? Modelos de transporte (furgonetas particulares y vehículos pesados de cooperativas de productores) podrían llevar sistemas a bordo que transmiten vía Internet la información de sensores instalados en el motor, los frenos, el depósito de combustible, etc. De esta manera, las necesidades de mantenimiento de estos vehículos ya estarían en los talleres donde acudirán en X tiempo, allí los mecánicos verán un informe en su tablet donde estarán numeradas las tareas.

Ya en la ciudad, son conocidas las aplicaciones que nos informan sobre la situación del tráfico y los lugares libres para estacionar. Estas soluciones podrían, igualmente, alimentarse de la información que un sistema en la nube recibe de sensores instalados en las propias plazas de aparcamiento autorizadas. También pensadas para los espacios urbanos, existen otras aplicaciones que alertan sobre aglomeraciones, calidad del aire, seguridad, etc.

El Internet de las cosas y el Big Data guardan un potencial insospechado para maximizar el rendimiento y la mejor utilización de los recursos. Puede que tengan su mayor desarrollo actual en los transportes, donde grandes redes de sensores se disponen en aviones, trenes, autobuses y automóviles. Pero también se desarrollan para edificios, sedes de la Administración, centros comerciales, etc. para racionalizar el consumo de energía, gestionar la temperatura y calidad del aire, etc.

INTERNET DE LAS COSAS

La gran diferencia que ofrece el Internet de las cosas es que tales redes de sensores transmiten a través de Internet una información bruta que será objeto de procesado y análisis inteligente. Esta tecnología, grandemente diversa, implementada en la Administración generaría sencillamente umbrales nuevos de eficiencia. ¿Cómo? Supongamos que todas o la mayor parte de las propiedades del Estado, adquiridas para el desarrollo de la función pública, llevaran un dispositivo que transmitiera en tiempo real flujo de datos sobre su utilización, ubicación, estado de funcionamiento y operador. Los resultados de un análisis de datos inteligente de este tipo aportarían información a las autoridades competentes si la utilización de la propiedad pública es racional, sostenible y está encuadrada dentro de la normativa.

En efecto, se espera que el Internet de las cosas provoque cambios críticos en variedad de aspectos de nuestro modo de vida. Por supuesto, también en los hogares, con electrodomésticos (neveras, lavavajillas, lavadoras, climatizadores, riegos del jardín, etc.) transmitiendo datos a la nube para recibir análisis que reduzcan la energía consumida o nos envíen al móvil la lista de la compra.

Por otra parte, está aceptado que el Internet de las cosas y el Big Data podrían generar esquemas de negocio muy importantes. Esto, a su vez, realimenta proyectos e innovaciones que mejoran los sensores, por ejemplo, evitando que éstos alteren el paisaje social. Es decir, las tecnologías que componen el Internet de las cosas estarán maduras cuando no sepamos dónde están los sensores.

Al hilo de lo anterior, es interesante destacar que el Internet de las cosas es posible, entre otras razones, por el avance en las metodologías Big Data y Data Science. Las redes de sensores a las que nos hemos estado refiriendo generan volúmenes de información extraordinariamente grandes y con una gran variabilidad que no podrían ser abordables con las técnicas “tradicionales” para el manejo de información (como las bases de datos relacionales). El Internet de las cosas implica de forma directa a la analítica masiva.

Así, volumen, variabilidad (estructurados, no estructurados, etc.), validez o calidad de la información y la necesidad de procesado impuesta por la velocidad a la que se producen los datos son los grandes “problemas” que el Big Data y el Data Science pretenden resolver. De hecho, lo hacen con mejoras que crecen de forma exponencial.

Desde su base de utilización o premisas principales, como análisis predictivo, la agregación y visualización eficiente y clara de los datos, Big Data y Data Science aparecen para edificar hallazgos codificados en un océano de datos que se hace cada vez más profundo. De esta forma, cuestiones como el Internet de las cosas se hacen posible porque científicos de datos y expertos y especialistas en Big Data han profundizado en la utilización de la información hasta niveles impensables hace poco tiempo y con la creación de valor para la organización y la mejora de nuestra calidad de vida en el horizonte.


 Experto, Especialista y Máster en Big Data y Data Science de la UNED: Matrícula abierta