Pandemia y Big Data

El papel desempeñado por el Big Data en algunos modelos de gestión en la crisis del coronavirus es notable. Se desarrolla un álgido debate que pasa por privacidad, seguridad, tecnologías, etc. Si en años recientes vino a resultar evidente el carácter estratégico de los datos, en la coyuntura de emergencia sanitaria se convierte en un poderoso aliado.  

En la lucha contra la pandemia hemos visto variedad de políticas y reacciones desde los distintos gobiernos del mundo. Entre ellos tenemos el modelo desarrollado por China, donde el análisis de los datos resultó fundamental, aunque presentando variedad de conflictos con la visión europea acerca de la privacidad.

Como ya conocemos, el alcance del poder estatal en China logró la recogida y análisis de grandes volúmenes de datos sobre la movilidad, contactos sociales y estado de salud de millones de personas. Probablemente, entre los ejemplos relevantes tenemos la App que se distribuyó desde las plataformas Alipay y WeChat. Esta App establecía un código de colores (peligro, alerta y libertad) que determinaban qué podía hacer cada ciudadano y qué no podía hacer si quería evitar severas sanciones (no solo policiales, también se enfrentaba a normas veladas de “marcaje” que podían afectar cuestiones como el acceso al sistema bancario, prestaciones o empadronamientos).  

Para el pasado mes de abril, alrededor de 900 millones de personas se habían descargado la aplicación. El poderoso modelo de análisis sobre el que rueda la herramienta, permite generar una línea de tiempo que, al retroceder, es susceptible de revelar los códigos de todas y cada una de las terminales con las que se tuvo proximidad en un momento concreto. 

Pronto surgieron voces alertando de lo obvio: la herramienta desarrollada en China para la seguridad en tiempos de pandemia, podría compartir sus datos con distintos organismos de seguridad, por ejemplo, enviando datos de geolocalización a la policía sobre cualquier objetivo de interés, podían incluso terminar en manos privadas. Es aquí donde empezamos a movernos en terrenos resbaladizos.

BIG DATA PARA PROTEGERNOS, CON PRIVACIDAD

Ahora bien, surge otra cuestión: ¿Tenemos algún otro conjunto de metodologías y soluciones, con las posibilidades que otorga el análisis  de grandes volúmenes de datos, para luchar contra una crisis donde la movilidad y el contacto social, en términos de miles o millones de personas, resultan tan delicados?

Un trabajo conjunto hecho en abril por especialistas en Big Data y Epidemiología, publicado en Science, explica que la tasa de contagio, la velocidad real  a la que este virus puede propagarse convierten en inútiles lo procedimientos de análisis de datos tradicionales. Con lo cual la analítica masiva se torna fundamental. Claro, en Europa entran en juego otros factores, como la valoración que tienen los ciudadanos de su propia privacidad. Respuestas Big Data como parte de la lucha contra la pandemia requieren la generación de mucha confianza entre público y autoridades.

El gran debate sobre Big Data y generación de confianza tiene ya un camino recorrido en el continente europeo, pero bien haríamos en abundar en él en espacios académicos pensados especialmente para tal fin, dejando variedad de controversias al respecto en vías de solución. Porque sesudos análisis indican que esta no será la última crisis de este tipo que vivirán las actuales generaciones.    

Los expertos y especialistas en Big Data y Data Science  resultan cada día más demandados en diversas áreas. A la vez, los datos vuelven a revelarse como una parte absolutamente central de la lucha contra la pandemia, pero hay grandes matices y voces de preocupación en todo lo que tiene que ver con la privacidad. Pero frente a esto último, en países como Italia o España, ya tenemos una dolorosa experiencia sobre la importancia de controlar la movilidad (ésta vino a revelarse como una de las variables trascendentales desde el comienzo de la emergencia sanitaria).

¿Qué sacamos claro hasta ahora? En primer lugar, que el análisis de datos es aliado de quienes tendrán que asumir la gestión de estos cuadros clínicos y sociales en el futuro. En segundo lugar, que el acceso y flexibilidad para estudiar esos volúmenes de datos con el fin de dar sustento racional a las medidas de control es vital. En tercer lugar, que los controlados, la sociedad, debe poder ejercer una supervisión sobre lo que se hace con sus datos; es decir, la invasión de la privacidad en situaciones de emergencia tiene que justificarse al detalle (al contrario, claro, de lo ocurrido en el modelo chino).  Y, por último, el compromiso institucional con la transparencia. 

Claramente, Europa está desarrollando su propio marco de reacción ante estas situaciones, en consonancia con la manera específicamente europea de entender la privacidad al interior de sus fronteras. Ejemplo de ello es el proyecto de “Rastreo de Proximidad Paneuropeo con Preservación de Privacidad”, una solución tecnológica de código abierto para recolectar datos desde dispositivos móviles (bajo anonimato y sin geolocalización). Este proyecto está sirviendo de base a empresas y universidades para generar aplicaciones que ayuden a estudiar los patrones de movilidad con Big Data, lo que canalizará una información básica para la toma de decisiones en los instantes que tengamos indicios, por ejemplo, sobre la propagación de un virus mortal. 

En sentido de lo anterior, también en los programas de formación superior sobre la materia hay distinciones. El Programa Modular de Experto, Especialista y Máster en Big Data y Data Science de la UNED, desarrollado por su Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, conserva un Módulo entero dedicado a la normativa de protección de datos, impartido por profesionales de primera línea en la materia.      

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